Ferrol, ciudad del mar
Podemos rastrear la tradición navegante gallega desde los barcos del cuero del héroe Breogán, y después las naos noyesas y betanceiras medievales en el comercio hasta Londres, aquellas otras en la ruta de las Indias, ... pero debemos acercarnos a la Galicia marinera del siglo XVIII para encontrar cambios bien apreciables, unos autóctonos, los más derivados de la instalación de un Arsenal en la ría de Ferrol (astilleros, baterías de costa, castillos, jóvenes ideas, novedosas técnicas constructivas, ...) y por la llegada de vascos, “oficiales de los oficios” en los astilleros y de catalanes, “fomentadores” del salazón: de los primeros se conocieron los cascos vizcaínos precedentes de las bucetas y de las traineras, los segundos trajeron con ellos jóvenes técnicas empresariales, embarcaciones y artes de pesca mediterráneas; estableciéndose en los dos casos relaciones de intercambio demográfico, económico y cultural la todo largo del Cantábrico y hacia el Mediterráneo.
Cien años después convivían en nuestras costas las embarcaciones tradicionales y las importadas, entre éstas alguna que había venido del otro lado del Mar: eran las gamelas, dornas, lanchas volanteiras, del xeito y de la xábega y de relinga, balandros, caiumbos, barcazas, botes, gabarras, trincados, chalupas, pataches, racús, pinazas, pailebotes, polbeiros, chalanas, canoas, faluchos, menuetas, barlotes, traineras, cayucos, galeones, chinchorros, bateles ..., con ellos los últimos grandes veleros de la carrera de América y los primeros vapores.
Al poco tiempo, comenzando el siglo XX, tuvieron la compañía del humo de las chimeneas de máquinas alternativas, las sirenas de bakas, boniteras, bous o tarrafas, movidas por carbón y que acechaban jóvenes y alejados caladeros.
De este tiempo en adelante los cambios tecnológicos y sociales condujeron a la desaparición de muchas embarcaciones clásicas, patrimonio común que muchos deseamos sea conservado, especialmente desde los años setenta de la última centuria de la mano de las aceleradas transformaciones de las infraestructuras terrestres, de los cambios en la población y en la sociedad, fueron yendo al desmantelamiento y al desguace casi todas las embarcaciones antiguas, también por la irrupción en el campo de la grande o pequeña construcción naval y de materiales (aluminio, plásticos), formas (doble casco, popa cuadrada), propulsión (turbinas, hydrofoil), por los jóvenes instrumentos de seguridad imprescindibles para navegar autorizadamente (sonda, GPS), por los cambios de dominio de las instalaciones portuarias, por las normas que vienen de la Unión Europea ...
Pero también, en diferentes esquinas de la costa gallega, particulares y asociaciones nos empeñamos en mantener la tradición navegante, de las antiguas o reconstruidas embarcaciones tradicionales, celebrando concentraciones, exposiciones y regatas, en una dinámica que comenzó en el sur de la Galiza, cuajó en la Federación Gallega por la Cultura Marítima a la que se incorporaron ferrolterráns con la fuerza propia de esta tierra, y entidad que desde 1993 celebra unos Encuentros bianuales que pasaron ser de la beiramar y de ámbito gallego a fluviales e internacionales.
A estas alturas, el Club del Mar de Ferrol se ofreciera a organizar en las aguas de su ría el VIIIº Encuentro de Embarcaciones Tradicionales a celebrar en verano del 2007.








